miércoles, 5 de febrero de 2014

Ella (microrelato)

Ella

Ella era tan pequeña, tan diminuta, que podía caber en una lágrima. Eran tan chiquitita, que podría parecer invisible, casi inexistente, tan sutil como un fugaz pensamiento, o eso que creemos percibir por el rabillo del ojo y que nunca estamos seguros de haber visto.
Ella era tan transparente y vacua, que resultaba cuasi etérea, menos densa que el último aliento del moribundo, e igual de intensa. Nadie podía saber lo que albergaba en su extraordinario pequeño yo. Ella era tan poquita cosa, tan imperceptible, que la llevaste atada a ti durante meses, a tu lado, susurrando a tu oído, pegada a tu pecho y no la viste. Ella era tan frágil, que se alimentaba de miradas y palabras, de percepción y no la percibiste ¡Pobre pequeña! que famélica de atención te gritaba al oído con su pequeña voz, tan pequeña, tan chiquitita, tan poca cosa, que ni tan siquiera te diste cuenta que existía y poco a poco iba desapareciendo.
Ella era. Ya no es. Ya no gritará a tu oído, ni estará pegada a tu pecho, porque de tan invisible, tan pequeña, tan chiquitita, dejó de ser.