lunes, 2 de agosto de 2010

Sobre vampiros y dietas

Siempre  me han gustado las novelas de vampiros. A decir verdad soy una de esas frikis que se han tragado completa la infumable y mal escrita saga de Sookie Stackhouse  solo para saber si la chica se queda con el vampiro que a mí me gusta, evidentemente no el buenazo de Bill, sino el atractivo y medio peligroso Erik. Os preguntaréis por qué os cuento esto. Si bien no tiene demasiado que ver con esta historia, refleja un poco mis gustos, y mi personalidad.  La fantasía es un mundo en el que me pierdo con facilidad, pero sin llegar a la esquizofrenia de creerla real, pero si alguien me dejara elegir entre el mundo real y el de la fantasía, mi respuesta sería rápida, quiero un dragón de mascota y me pensaría seriamente lo de convertirme en vampira. Y seamos francos, a quien no le atrae la inmortalidad, ya no soy una jovencita, pero soy lo suficientemente joven a mis 35 para querer quedarme en esta edad para la eternidad, eso sí, si alguien me diera la oportunidad de convertirme en vampiro le diría que me diera un par de meses para ponerme a dieta. No tengo ganas de pasarme el resto de la eternidad con cinco kilos de más. Dios mío, si peleo en mi vida humana con ellos, como para aguantarlos los próximos 300 años,¿ o los vampiros podrán adelgazar? Veis, la literatura no nos enseña todos los ángulos,  nadie ha oído hablar de un vampiro gordo, ni de que hagan dieta, pero se supone que así como estás en el momento de la transformación te quedas.  Es algo sobre lo que los escritores de fantasía deberían reflexionar antes de abocarnos a la idea de la eterna juventud.