sábado, 3 de julio de 2010

Carta a un amor confuso

No se exactamente como comenzar estas líneas. Tampoco creo saber muy bien por que las escribo, pero aquí estoy, desgranando mi corazón en el teclado de un ordenador, creando un post para un blog que probablemente nadie llegue a leer. Y entre ese motón de personas que engloba el concepto "nadie" estás tú, el verdadero destinatario de estas palabras.
Quizás me debería importar más bien poco si lees o no estas líneas, porque a ser sinceros, no están escritas con la intención de ser leídas, sino tan solo escritas. Probablemente a medida que vaya dejando fluir las palabras de mis manos y de mi alma mis sensaciones y sentimientos se vayan aclarando, o al menos desenredando.

Para empezar sería importante definir el amor, cualquier amor, porque es muy fácil titular un escrito poninedo "carta a un amor confuso" y no tener la más remota idea de lo que queremos decir con ello, como en este caso. No siquiera estoy segura de que mis sentimientos hacia ti sean considerados amor por la gran mayoría de los seres humanos. A menudo el amor se relaciona con necesidades que ni por un momento pueda sentir como pueden ser: la cercanía, el contacto físico, la exclusividad, etc. Todas estas cosas está muy, pero que muy lejanas a mis necesidades, estas más bien se relacionan con el bienestar, con tu felicidad, con las certezas...A ver, si que tengo necesidades. Necesito saber que me quieres, que estás bien, que eres feliz, que me sientes cerca, que piensas en mi, y que tu al igual que yo sabemos positivamente que una parte de nuestra esencia está solamente dedicada a la presencia metafísica del otro. Pido mucho, lo sé, pero es que doy mucho... Mi amor es incondicional, está sustentado por los años, y por unos lazos casi indestructibles. Si he dicho casi, por que el obviar esa palabra significaría que sé a ciencia cierta que nada podría romperlos, y esa es una seguridad que nedie puede tener, ya que si hay algo que no tiene el amor son garantías. Qué estos lazos han sido puestos a prueba en reiteradas ocasiones y siempre han salido indemnes, y quizás incluso reforzados es tan verdad como que soy yo la que escribo estas palabras. Pero eso no quiere decir que nadie pueda tener la certeza sobre la inquebrantabilidad de ellos. Te preguntarás por que te escribo todo esto, si en realidad no te estoy diciendo nada, pero aunque no lo puedas creer, me cuesta decirte que te amo, que has sido mi gran y único amor, aquel con el que comparo a todos los hombres de mi vida, mi vara de medir, mi rasero. Me duele decirte que alguna vez e contra de todo lo que he jurado y perjurado he soñado con un futuro o un presente juntos, que solo me salva de la locura nuestra bendita cobardía y la seguridad de que ese futuro o presente es imposible y quizás por eso mi vida puede tener un sentido sin tu presencia en mi día a día.